5 d’octubre del 2014

Amor

Mi viaje fue duro y difícil. Diría que era un viaje con subidas y bajadas, como el de todos, pero el mío tenía algo especial.
Todo empezó siendo yo un bebé, todo bastante normal. Fui creciendo, pasando una niñez de la cual no puedo quejarme. Al poco tiempo, me fui haciendo un hombrecito, un pequeño caballero. Conforme crecía más, más daño veía en el mundo y más daño me hacían. Eran aquellos que odiaban sus vidas, aquellos que pagaban conmigo sus frustraciones. Lloré, pedí ayuda por ellos porque realmente no querían hacer lo que hacían.
Con dieciséis años, me rendí al mundo e intenté evadirme de él buscando cobijo en humo y líquidos difíciles de tragar que tan solo provocaban en mí más dolor y remordimiento.
Seguí creciendo y me arriesgué a conocer el amor. ¿Para qué?, me dije, si sólo sirve para sufrir, dar y no recibir. Llegué a odiarlo, llegué a no creer en él. Llegué a envidiar a esas personas que tanto presumían de conocerlo pero que, sin embargo, ahora sé que eran unos ilusos. Lo sé, ahora sí.
Estudié el amor y lo comprendí. Decidí emprender un viaje en busca de éste, sin muchas esperanzas pero con una fe ciega y acompañado por amistades y familiares. Apoyado por ellos, recorrimos pueblos, ciudades, montañas y valles sin un resultado claro.
Cuando ya no podía más, vi algo. Era una casa, o más bien una chabola, con unas iniciales: “S.M.C”. No buscaba nada, sólo entré impulsado por alguna fuerza mayor…
Cuando entré, había una chica escribiendo en una libreta. No podía ver su rostro pero aun así transmitía lo que nunca una persona me había transmitido.
Le dije: “¡Eh!, quiero leer lo que pone.”
A lo que ella me respondió: “Léelo, dudo que lo entiendas…” con un tono pesimista.
Juro que jamás, en mis veinte años de vida, había leído algo tan hermoso, algo tan personal, algo con lo que me sintiera tan identificado. Era como ver la tierra desde la luna, impresionante y difícil de creer.
Sólo en ver mi rostro, vino rápidamente hacia mí y nos pusimos cara a cara. Era bonita, la chica más guapa que había visto jamás. Su aroma me era familiar, pero jamás lo había olido. Sus labios eran perfectos, con manchitas en la cara. Su pelo, cuidado, ni muy largo ni muy corto. Sus ojos estaban llenos de nobleza y sugerían deseo. La mujer más hermosa del mundo estaba en aquel cuchitril. ¿Quién permitió que tal belleza permaneciera en un lugar así? ¿Quién podía valorarla tan poco?
No me dijo nada, sólo cayó una lágrima de su ojo izquierdo a la vez que caía una de mi derecho. Fue mágico. Nuestros cuerpos se llenaron de alegría. Al parecer, buscábamos lo mismo y nuestra búsqueda, por fin, había terminado. Sin querer, la encontré. Ella era la muchacha con la que había soñado todo este tiempo, la muchacha por la que había estado caminando durante años.
Sentimos lo mismo en cuestión de segundos: No pudimos evitar pegar nuestros cuerpos, mimarnos y besarnos. Fue entonces cuando quedó claro que todo encajaba, que la pieza del rompecabezas era ella. No necesitaba comida ni agua… Sólo necesitaba sus labios y su calor.
Salimos de la casa. Nos sentíamos tan fuertes que decidimos salir de la casucha y emprender aventuras. Esta vez, ya no buscábamos nada, sólo queríamos divertirnos y emprender aventuras juntos, explorar, sentirnos únicos. Ya lo teníamos todo, solamente queríamos vivir cada instante juntos.
¿Que qué nos llevamos? Su libreta… Y ambos escribimos una palabra que los dos llegamos a odiar pero que nos moríamos por sentir. Lo teníamos todo.
“AMOR”.


2013



Samantha

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada